Septiembre.2020. Inicio de un nuevo y peculiar curso académico, segundo de bachillerato.
La presente situación de pandemia dificulta y enrarece todos los aspectos de nuestra sociedad. El mundo ha dado una vuelta de 360 grados y nada es ni volverá a ser lo de antes.
La situación sanitaria afortunadamente se ha calmado en tensiones y agonías. Los hospitales aminoraron el creciente número de pacientes. Sin embargo, dudo que las aguas se serenen por mucho tiempo y pronto, con esta nueva reincorporación laboral y académica las notables tasas de mortalidad y reinserción médica tornaran a incrementarse, avivando la vibrante llama de contagios de este repugnante virus.
La economía no se queda atrás en este mar de espantos. La única razón por la que no estamos en estos momentos confinados es porque esta no podría soportar otra bala de semejante calibre. Si la economía vuelve a paralizarse entraremos en un estado de crisis y caos. Las empresas y cadenas de valores sufren un grave golpe financiero y se ven aturdidas por todas las nuevas restricciones de mercado, pero muchas empresas han tenido una rápida adaptación a las circunstancias e incluso las han aprovechado para crecer y expandirse. Evidentemente el sector turístico no podrá afrontar muchísimos de los gastos irrecuperables que ha sufrido debido a las restricciones aplicadas para frenar el número de contagios.¿Acaso nos planteamos alguno de nosotros viajar actualmente? No. Tenemos miedo. Pero como ya he dicho, la economía no puede apagarse, necesitamos movernos y ahí entra también el tema de las exportaciones. Sería ingenuo pensar que podemos cerrar las puertas de nuestro país, necesitamos tanto exportar como importar la producción global.
Si hablamos de economía y sanidad por ende debemos tratar el ámbito político o incompetencia política más bien. La organización y empatía brillan por su ausencia. Todos sabemos por donde se mueve la política y no me extrañaría que altos cargos dieran la espalda a la sanidad y la economía, pues el costo electoral siempre prevalece y el poder del Estado está en constante tensión. La pregunta sería ¿debemos confiar en la política del Gobierno? Una gran porcentaje de ciudadanos no refleja esta confianza en la gestión del gobierno de la nación para afrontar estas dificultades. Y es que no es fácil, nunca nadie se había visto frente a una pandemia mundial. El gobierno improvisa, porque nunca se ha enseñado qué políticas aplicar frente a situaciones que hasta hace unos meses veríamos improbables, incluso irreales.
Socialmente la situación no mejora. Todos hemos tenido y tenemos miedo, al fin y al cabo es una situación desconocida y ante lo desconocido presentamos un irremediable temor. El futuro es incierto, no sabemos si nos volverán a confinar, aunque personalmente como he mencionado antes no creo que lo hagan porque la economía se derrumbaría y no estamos preparados para hacer frente a un desmoronamiento económico. Pero es esa presente incertidumbre las que nos mantiene alerta y ante cualquier cambio de medidas. Por una parte siempre tenemos ese sentimiento de esperanza, esas bromas con nuestros amigos sobre las próximas fiestas y lo cercanas que tienen que estar; respirar el aire de la calle sin tener un trozo de tela entre boca y nariz; esos abrazos eternos sin restos de miedo ni culpabilidad... Por otra parte, hay personas que mostramos negatividad y pesimismo ante todo, gente que no consigue ver esa luz al final del túnel. Pero ninguna opción es más realita que la otra, no debemos ser ingenuos, todo tardará en volver a la normalidad, pero volverá, y como seres humanos que somos tenemos esa capacidad de adaptación a nuevas situaciones que nos permitirá sobrellevar cualquier obstáculo que se interponga en nuestro camino. Paciencia.
Mis expectativas ante este curso esconden recelo, no sé si seguiremos con este modelo de educación semipresencial pero sinceramente me gustaría tomar medidas para poder reinsertarnos presencialmente todos los días en las aulas, pues todo bachillerato estamos sumidos en una aterradora incógnita sobre nuestro futuro. Injusticia y presión son dos de os términos más reiterados desde que comenzamos las clases y creo que nos perseguirán hasta el final de este curso académica tan "peculiar".
Para mí, todo este "infortunio" no es más que una nueva experiencia de la que se puede aprender. Sí, me afecta y no todo ha sido de color de rosa, ni mucho menos, ¿pero de que sirven las adversidades sino son para conocerte íntimamente? Porque tú no controlas lo qué sucede pero sí como reaccionas ante ello.
Un cierre perfecto, pero revisa el texto escrito, muestra falta de reflexión.
ResponderEliminar